La medida generó preocupación en el sector cárnico, que enfrenta desafíos de competitividad por los altos costos internos y la carga impositiva.
La suspensión de un frigorífico argentino por parte de las autoridades sanitarias de China, tras la detección de una sustancia prohibida, generó alarma en la industria cárnica local. Daniel Urcia, presidente de la Federación de Industrias Frigoríficas Regionales Argentinas, afirmó que la situación «preocupa a toda la industria», aunque puso en duda la validez del hallazgo al señalar que «a veces pueden ser falsos positivos».
Urcia recordó que la sustancia en cuestión está prohibida desde 1995 y destacó que Argentina, a través del Senasa, lleva adelante un plan de control de residuos. Respecto a las consecuencias, explicó que las empresas exportadoras están preparadas para asumir estas contingencias, aunque reconoció que «son situaciones que ocasionan pérdidas importantes».
El dirigente también se refirió a los desafíos estructurales del sector. Señaló que el ganado en Argentina es «la materia prima más cara de todo el Mercosur», incluso por encima de los valores de Uruguay y Brasil, lo que afecta la competitividad en los mercados internacionales.
Además, Urcia apuntó contra la carga impositiva, a la que definió como «muy pesada», y mencionó otros costos internos como la demora en la devolución del IVA, que «saca capital de trabajo». También advirtió sobre distorsiones en algunas provincias que se financian «con retenciones indebidas».
