Según funcionarios anónimos, países como Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos piden en privado a la administración Trump que continúe la campaña militar hasta debilitar decisivamente al régimen de Teherán, mientras persisten divisiones regionales sobre la estrategia a seguir.
Aliados de Estados Unidos en el Golfo, encabezados por Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, están instando al presidente Donald Trump a continuar con las operaciones contra Irán, argumentando que el régimen de Teherán no ha sido lo suficientemente debilitado por la campaña de bombardeos liderada por Washington, según informaron funcionarios estadounidenses, israelíes y del Golfo que hablaron bajo condición de anonimato.
Tras quejas iniciales por la falta de aviso previo sobre el ataque y advertencias sobre las consecuencias regionales, algunos aliados plantean ahora a la Casa Blanca que se presenta una oportunidad histórica para afectar duramente al gobierno teocrático iraní. Funcionarios de Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Baréin han transmitido en privado que no desean el cese de la operación militar sin cambios significativos en el liderazgo o comportamiento de Irán.
Esta presión llega en un momento en que Trump oscila entre declarar que el liderazgo iraní está listo para negociar y amenazar con intensificar el conflicto. Paralelamente, busca apoyo interno para una guerra que ha dejado más de 3.000 muertos en Medio Oriente y afecta la economía global. No obstante, el mandatario estadounidense expresó confianza en el respaldo de sus aliados regionales.
Los países del Golfo albergan bases estadounidenses desde donde se lanzan ataques, aunque no participan directamente en operaciones ofensivas. Según un diplomático de la región, existe cierta división: Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos lideran los pedidos de mayor presión militar, con Emiratos presionando incluso por una invasión terrestre, opción que también favorecen Kuwait y Baréin. Omán y Qatar, en cambio, se inclinan por una solución diplomática.
Arabia Saudita argumenta que finalizar la guerra ahora no producirá un acuerdo que garantice la seguridad de los vecinos árabes de Irán. Para Riad, un eventual pacto debe neutralizar el programa nuclear iraní, destruir su capacidad de misiles balísticos, terminar el apoyo a grupos aliados y asegurar que no pueda cerrar el Estrecho de Ormuz, por donde circulaba el 20% del petróleo mundial antes del conflicto.
Mientras tanto, altos funcionarios emiratíes han endurecido su retórica. Noura Al Kaabi, ministra de Estado de Relaciones Exteriores, escribió que un Irán que lanza misiles contra civiles y utiliza el comercio como arma «ya no es un elemento aceptable» en la región y exige garantías de que no se repetirá.
La Casa Blanca declinó comentar las deliberaciones con los aliados, pero el secretario de Estado Marco Rubio afirmó que Estados Unidos y sus socios árabes están alineados respecto al peligro que representa un Irán con armas nucleares.
